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Renta Básica. Viable, emancipadora, reductora de desigualdad y pobreza

Daniel Raventós en una imagen de archivo.

La renta básica es una ASIGNACIÓN MONETARIA INCONDICIONAL. Eso quiere decir que a diferencia de los subsidios más o menos generalizados en el Estado de bienestar no hay que cumplir una condición previa como ser pobre o estar en el paro para percibirla: en un Estado con renta básica una persona no necesitaría ninguna condición más allá que la de ser ciudadano o residente acreditado, independientemente de que trabaje o no.

ES VIABLE ECONÓMICAMENTE. De entrada, la gente tiende a pensar que si la cobra todo el mundo, el rico y el pobre, la renta básica no se podría pagar. La gente hace el cálculo, bien intencionado pero erróneo, de multiplicar la renta básica por el número de habitantes de un país. Pero no es así. Según nuestros cálculos, a través de una profunda reforma del IRPF y la supresión de todas las subvenciones y subsidios públicos cuyo montante fuera inferior, se podría financiar una renta básica en Catalunya para todos los adultos de 7.968 euros anuales y de 1.593 al año para los menores de 18 años.

Es justo que la perciban tanto los ricos como los pobres. Pero NO FAVORECERÍA A LOS MÁS RICOS. El 70% de la población, empezando por el más pobre y subiendo en la escala de renta, saldría ganando, es decir ganaría más dinero. Un 10% de la población, la más rica, saldría perdiendo, y entre un 15% y un 20% se quedaría igual. El que ganaría completamente es aquel que no tiene ingresos: pasaría de percibir cero a ingresar 7.968 euros al año.

NO SERVIRÍA PARA MANTENER A VAGOS. Con la renta básica no pasaría como con el subsidio de desempleo eterno, porque una renta básica por definición es acumulable, con muchos de los matices que hemos dicho de más impuestos, pero es acumulable a otras rentas. Con una renta básica, por ejemplo, la gente tendría más libertad para buscar otro trabajo que fuera más acorde con su formación y sus gustos, y muchos jóvenes no se verían obligados a aceptar condiciones de trabajo de miseria como ocurre ahora. Doble éxito: acabar casi de un plumazo con la pobreza, e incrementar la libertad de buena parte de la ciudadanía.

MAYOR AUTONOMÍA A LAS MUJERES. La renta básica no haría que la mujer dejara de trabajar, sino que es un instrumento de emancipación que otorga mayor autonomía a las mujeres: es capaz de garantizar la existencia material de muchas mujeres que ahora dependen de su marido o amante.

REDUCE LA DESIGUALDAD Y LA POBREZA. Según nuestro estudio, Catalunya pasaría de tener uno de los mayores índices de desigualdad de Europa a ponerse al nivel de Noruega, el país más avanzado de Europa en esa materia. El índice de Gini, que mide la desigualdad, se reduciría en 4,5 puntos. Pero hay otro efecto muy importante, que ya he apuntado antes: si tú pones una renta básica igual al umbral de la pobreza, acabas con la pobreza.

ENTREVISTA A DANIEL RAVENTÓS EN PUBLICO.ES

http://www.redrentabasica.org/

El expolio social de una minoría al resto de la población española

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El profesor Vicenç Navarro analiza la evolución de los ingresos del Estado por impuestos en el periodo 2006-2011, para denunciar el expolio de una minoría -lo que solía llamarse la burguesía financiera e industrial- al resto de la población española. Tal minoría no está contribuyendo al Estado (tanto central como autonómico) lo que contribuyen todos los demás. El autor utiliza el informe número 59 de la Fundación Primero de Mayo de Comisiones Obreras.

 

– UNA SÍNTESIS –

Para entender la naturaleza de este expolio, hay que entender cuáles son las fuentes de ingreso más importantes al Estado (central y autonómico). Pues bien, cuatro son las fuentes más importantes:

  • ingresos derivados de los impuestos sobre las rentas, primordialmente del trabajo, o IRPF (que es un impuesto que paga la mayoría de la población trabajadora);
  • impuestos sobre el capital que afectan a un grupo muy minoritario de la población (predominantemente los burgueses y los grandes empresarios);
  • impuestos sobre el consumo, IVA, que toda la población, independientemente de sus ingresos, paga cuando compra algo, y que es sumamente regresivo;
  • impuestos especiales que, como su nombre indica, son impuestos para fines concretos;
  • y, finalmente, otra categoría que se define como “otros impuestos”.

 

Pues bien, según el excelente informe número 59 de la Fundación 1º de Mayo de Comisiones Obreras (uno de los centros de estudios más rigurosos que produce conocimiento crítico e independiente):

  • los ingresos derivados del IRPF en España, desde el último año antes de que se iniciara la crisis, 2006, hasta el año 2011, crecieron un 6%, pasando el Estado de ingresar 64.638 millones de euros a 68.557 millones,
  • los fondos públicos procedentes del impuesto sobre el consumo bajaron sólo ligeramente (-2%), pasando de 52.817 millones de euros a 51.580 millones,
  • los fondos que el Estado recogía vía los impuestos especiales crecieron muy poco (2%), pasando de 18.699 millones de euros a 19.025 millones,
  • y la categoría de “otros impuestos” subió más (5%), pasando de 5.696 millones de euros a 5.971 millones.

 

Estos fondos procedentes de tales impuestos derivan, en gran parte, de la mayoría de la gente que trabaja y consume (clase trabajadora y clases medias). Y a lo largo del periodo 2006-2011 se han mantenido o han aumentado.

Ahora bien, si analizamos qué ha pasado con las rentas derivadas del capital y de sus diferentes componentes, tales como capital financiero (bancos, compañías de seguros y compañías de alto riesgo, entre otros), capital industrial (grandes corporaciones multinacionales) o capital de servicios (empresas de marketing y asesorías, entre otras) vemos que los ingresos al Estado derivados de la carga impositiva sobre el capital han bajado de una manera muy acentuada, casi espectacular (-68%), pasando de 41.675 millones de euros a 13.383 millones.

 

En otras palabras, el Estado ha dejado de ingresar por el apartado “impuestos sobre el capital” 28.292 millones de euros, cantidad muy cercana al descenso total de ingresos del Estado (de 183.525 a 158.516 millones de euros = 25.009 millones, -14%).

Y lo más llamativo es que los ingresos procedentes del impuesto de sociedades (que es el impuesto al capital), que representaban el 23% de todos los impuestos en el año 2006, han pasado a ser sólo un 8%. Sí, lo ha leído bien, sólo un 8%. El mundo empresarial contribuye mucho, mucho menos que la mayoría de la población.

 

Ni que decir tiene que los centros de estudios financiados por la banca y por la gran patronal (FEDEA) han intentado explicar tal descenso de su contribución al Estado atribuyéndolo a la reducción de sus beneficios, resultado de la crisis económica. Pero el Informe muestra que ello no es del todo cierto: el descenso de los ingresos al Estado procedente de las empresas es mucho mayor que la reducción de beneficios, una situación que es particularmente acentuada entre las grandes empresas, llamadas multinacionales.

 

En realidad, el descenso de su aportación al Estado es consecuencia de la gran cantidad de lo que llaman incentivos fiscales, incluyendo las enormes deducciones, y nuevos sistemas de ingeniería contable que hacen que lo que en teoría pagan las rentas del capital (35%, bajado más tarde a 30%) se haya reducido en la realidad a un increíble 5%. Las otras empresas (que no son grandes empresas multinacionales y facturan menos de diez millones de euros) pagan menos que su tipo nominal, siendo el real 15,3%, tres veces más que las multinacionales.

Durante el periodo de la crisis 2007-2011, las empresas financieras, industriales y de servicios (es decir, el capital) declararon 851.933 millones de euros de beneficios, por los cuales tributaron 101.421 millones, es decir, un 11,9%. Si hubieran pagado el 28,5%, que es lo que la Agencia Tributaria considera como el tipo nominal medio, el Estado hubiera ingresado unos 35.000 millones de euros más anuales (tomando las cifras de 2009), que es, por cierto, la cifra de recortes de gasto público que los sucesivos gobiernos han estado exigiendo a la población española, recortes que se están haciendo para compensar las enormes ventajas fiscales que se han hecho a las rentas del capital.

 

¿No creen que hay algo injusto en ello? A las clases populares se les está imponiendo toda una serie de sacrificios, a fin de mantener enormes beneficios y privilegios fiscales al gran empresariado financiero y multinacional del país. Créanme que en España, incluyendo Catalunya, el que no está indignado es que no sabe lo que está pasando en su entorno. Así de claro.

El sistema impositivo español es profundamente injusto

http://www.attac.es/2012/10/01/el-sistema-impositivo-espanol-es-profundamente-injusto/

La estructura impositiva de España (la forma a través de la cual el Estado obtiene ingresos) es profundamente injusta. Y lo desconocemos. Analizando los diferentes tipos de impuestos que existen y su importancia en cuanto a recaudación, descubrimos que:

 

El impuesto más importante y del que más dependen los ingresos es el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), que supone el 40% de todos los ingresos del Estado. Éste es un impuesto en teoría progresivo (es decir: justo, porque pagan más los que más renta tienen), pero que en la práctica no presenta los requisitos de progresividad que lo habrían de convertir en un impuesto justo y adecuado.

 

Básicamente, porque el 85% de toda la recaudación del IRPF se obtiene de las RENTAS DEL TRABAJO (asalariados), mientras que el otro 15% procede del RENDIMIENTO DEL CAPITAL MOBILIARIO (acciones, por ejemplo) o INMOBILIARIO (alquilar a otro una vivienda), y del RENDIMIENTO DE ACTIVIDADES ECONÓMICAS (pequeños empresarios, autónomos y profesionales liberales).

 

Y esto no se justifica sólo porque el número de asalariados sea mayor que el número de personas que tienen rentas del capital (que lo es), sino porque los rendimientos del trabajo tributan a tipos MUY superiores a los de la renta del capital (28-32% vs 10% respectivamente). Además, las rentas del capital son mucho más flexibles que las del trabajo, por lo que sus poseedores pueden acogerse a numerosas artimañas fiscales para tributar en menor cuantía; algo que resulta imposible para los asalariados.

 

El segundo impuesto con más peso es el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), que recauda el 22% de los ingresos al Estado. Este impuesto se basa en el consumo y es profundamente regresivo (injusto), porque paga lo mismo un multimillonario que una persona sin ingresos.

 

Exactamente lo mismo ocurre con los Impuestos Especiales, que suponen el 12% de todos los ingresos. Los impuestos especiales son impuestos al consumo para determinados productos (como alcohol, tabaco, carburantes, etc), y son tan regresivos como el IVA porque todos los consumidores pagan lo mismo independientemente de su renta.

 

El tercer impuesto en peso es el Impuesto de Sociedades, que grava los beneficios de las empresas y que conforma el 13% de todos los ingresos. Este porcentaje es menor del que debería ser, puesto que a pesar de que las grandes empresas deberían pagar el 30% de sus beneficios y las pequeñas y medianas empresas el 25%, Hacienda sólo ingresa el 9,9% de las ganancias empresariales. Esto es así porque las empresas (principalmente las grandes) encuentran numerosas vías legales (y también ilegales) para evadir impuestos.

 

EN RESUMEN.

El estado español tiene un sistema impositivo injusto principalmente por las tres razones siguientes:

1) Un 34% de todo lo recaudado proviene de impuestos muy regresivos (un 22% de IVA y un 12% de Impuestos Especiales), por el que los consumidores pagan lo mismo independientemente de su renta. No es justo que un multimillonario pague lo mismo que una persona sin recursos.

2) Un 44% de todo lo recaudado proviene del IRPF, que a pesar de ser un impuesto teóricamente progresivo, en la práctica no lo es. No es justo que una persona de renta alta pague menos proporcionalmente que uno de renta media.

3) Solo un 13% de todo lo recaudado proviene del Impuesto de Sociedades. No es justo que las 10 mayores empresas del IBEX, que obtienen desorbitados beneficios, terminen pagando en torno a un triste 17% mientras las pequeñas y medianas empresas pagan aproximadamente el 23%.

En España las grandes fortunas y las grandes empresas pagan proporcionalmente menos impuestos que las clases medias, y así seguirá ocurriendo mientras este sistema impositivo no se vea profundamente modificado.

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