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Vivir mejor con menos: 13 propuestas

La actual crisis ecológica hunde sus raíces en una manera de relacionarnos con la naturaleza y con los demás humanos. Algunos valores que propone la encíclica LAUDATO SI de Francisco podrían ayudar a un cambio de mentalidad, a una nueva cultura. Se trata de valores de la tradición cristiana pero también presentes en el humanismo y en muchas otras tradiciones éticas y religiosas.

1. Ser capaz de vivir sabiamente y de pensar en profundidad, frente al ruidoso mundo digital (abundante en información) y al pensamiento superficial.

2. Ampliar a las futuras generaciones el concepto de prójimo. Esta ampliación nos haría reparar en que nuestras acciones (y omisiones) tienen consecuencias en el futuro, ya que pueden hipotecar la vida de nuestros descendientes. Hablamos de una hipoteca económica y social, ya que trasladaríamos al futuro la solución del problema.

3. Considerar universalizable lo que hacemos y que tiene un impacto sobre la naturaleza. Qué pasaría si toda la humanidad actuase como hacemos nosotros?

4. Apostar por un crecimiento que no sea voraz e irresponsable, redefinir el concepto de progreso. Un desarrollo tecnológico y económico que no conduce a un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior y para tod@s no pueden considerarse progreso

5. Tomar conciencia del valor de la interdependencia, de que la especie humana depende de las otras especies, en tanto que la comunión entre los seres vivos es fundamental. Nuestro ambiente cultural potencia pensar en primer lugar en nosotros mismos.

6. Vivir y entender nuestra vida como un don, un regalo. El don nos obliga a cuidar de ella, también de las vidas de los demás, sobre todo las de los más vulnerables.

7. Aprender a apreciar las diferentes dimensiones de la felicidad que no pueden reducirse al hecho de tener o poseer. Nuestra sociedad fomenta un estilo de vida que no tiene sentido sin símbolos de posesión o estatus marcado, a su vez, por un acentuado individualismo, un vivir de forma fragmentada y atomizada.

8. Dejarse guiar por el principio de precaución, recogido en la Declaración de Rio (1992). Según este principio, ante la posibilidad de daños graves e irreversibles no hace falta tener una certeza absoluta de éstos para tomar medidas.

9. Unir estrechamente las cuestiones social y ecológica. El concepto de justicia medioambiental nos recuerda que son los más pobres y las minorías culturales quienes más padecen la problemática ecológica.

10. Recuperar una cierta sacralidad de la naturaleza, como parte de las cosmovisiones menos antropocéntricas (como el budismo, el hinduismo, las tradiciones amerindias y el taoísmo) que rompen la marcada dualidad sujeto objeto típicamente occidental.

11. Retornar a la simplicidad y a la capacidad de disfrutar con poco, que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin aferrarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos

12. Remarcar el valor de los pequeños gestos cotidianos, que rompen la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo.

13. Valorar el descanso, la dimensión celebrativa de la vida, una dimensión receptiva y gratuita que es algo diferente al mero no hacer.

Completo de Joan Carrera en CRISTIANISMEIJUSTICIA.NET

Jordi Pigem – El Estado del Buen Vivir. Alternativas al mundo consumista

Los cinco espejismos que nos bloquean y no nos permiten alcanzar un ESTADO DEL BUEN VIVIR, según el filósofo JORDI PIGEM:

CONSUMISMO: “Nos han hecho creer que hemos venido a esta vida a tener más y más, cuando diversos estudios realizados por ejemplo en China y EE UU demuestran que, una vez cubiertas las necesidades básicas, el nivel de satisfacción, tanto a nivel personal como social, no aumenta en relación al aumento del nivel de ingresos”.

CONTINUISMO: “A pesar de todo lo que sabemos, no hacemos nada importante por cambiar. Es el lema de business as usual. Y no nos queremos dar cuenta de que si todo el mundo consumiera al nivel que lo hace la media europea, necesitaríamos tres Tierras para satisfacer nuestra demanda”.

ACELERACIÓN: “Ante la comprobación de que algo no funciona, proponemos hacerlo más rápido para ver si así funciona. Sin embargo, frente a la aceleración tecnológica, la facilidad en las comunicaciones de todo tipo, en las sociedades occidentales la gente se siente cada vez más sola”.

DATAÍSMO: El culto al dato, como si de una nueva religión se tratara, que de bien poco sirve cuando los criterios son erróneos desde su planteamiento inicial. Por ejemplo, ese culto al crecimiento del PIB, cuando desde hace 40 años se ha constatado que ninguna relación guarda con el nivel de satisfacción y de distribución de la riqueza en una sociedad, que lo único que hace es medir transacciones económicas, “pero no mide ni la alegría de nuestros hijos ni la calidad de nuestra poesía, ni nuestro grado de felicidad”.

UTOPÍA TECNOLÓGICA: La creencia ciega de que la tecnología nos salvará. “Los antiguos miraban al cielo, las estrellas, y nosotros caminamos por la vida mirando hacia abajo, hacia una pantalla pequeñita, que en buena medida es mera distracción”. ¿Qué sucede con la condición humana hoy día? “Yo creo que el problema radica en que no hay referentes, que hemos perdido las metas; y la tecnología, en vez de ayudarnos a ampliar la mirada, lo que nos hace es dispersarla; ¿cuántas veces no estamos presentes, presentes de verdad, en lo que estamos haciendo? Vivimos en una crisis de orientación y de valores. Y creo que el incremento de retos, pero también de oportunidades de cambio ha llegado a su máximo nivel histórico; estamos en un punto de inflexión, que nos hace vivir en la incertidumbre, pero también nos debe llevar a la esperanza”.

 

Junto a las 3 erres (REDUCIR, REUTILIZAR Y RECICLAR), que se han hecho famosas para poner coto a los residuos, Pigem añadió una cuarta. “Una R más, de REIMAGINAR y reintentar una sociedad más justa, sabia y sostenible, de REEDUCAR para tener una mirada más amplia y holística y coherente, de RELOCALIZARNOS y estar en el aquí y ahora, de RECUPERAR nuestras raíces, de REVALUAR nuestras prioridades.

Ya Martin Luther King expresaba hace 50 años la urgencia de pasar de una sociedad centrada en las cosas a una sociedad centrada en las personas. Necesitamos poner a las personas en el centro.

Cada uno, en el autogobierno de cada uno, como proponía Gandhi, ha de ir creando espacios de sentido, coherencia y sostenibilidad, semillas que alimenten esa masa crítica de conciencia por el cambio.

 

COMPLETO EN ELASOMBRARIO.COM

Ultima Llamada. Manifiesto sobre decrecimiento vs colapso

La solución a la crisis es sencillísima...

A pesar de que buena parte de los habitantes del planeta esperan ir acercándose a los niveles de bienestar material del Primer Mundo, el nivel de producción y consumo ha agotado los recursos naturales y energéticos, y ha roto los equilibrios ecológicos de la Tierra.

La crisis ecológica no es un tema parcial sino que determina todos los aspectos de la sociedad: alimentación, transporte, industria, urbanización, conflictos bélicos… Se trata, en definitiva, de la base de nuestra economía y de nuestras vidas.

La vía del crecimiento es ya un genocidio a cámara lenta. El declive en la disponibilidad de energía barata, los escenarios catastróficos del cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos muestran que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando. El resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio.

Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible.

Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones), aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial: y sobre todo en los valores que guían todo lo anterior.

Pero esta Gran Transformación se topa con dos obstáculos titánicos: la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados. Necesitamos una ruptura política profunda y una economía que tenga como fin la satisfacción de necesidades sociales dentro de los límites que impone la biosfera, y no el incremento del beneficio privado.

Por suerte, cada vez más gente está reaccionando ante los intentos de las elites de hacerles pagar los platos rotos. Hoy, en el Estado español, el despertar de dignidad y democracia que supuso el 15M (desde la primavera de 2011) está gestando un proceso constituyente que abre posibilidades para otras formas de organización social.

Atención: la ventana de oportunidad se está cerrando. A lo sumo tenemos un lustro para asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables.

Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta.

 

COMPLETO EN ULTIMALLAMADAMANIFIESTO.WORDPRESS.COM

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Decrecimiento y posmedicina. Desinvertir en sanidad para reinvertir en salud y equidad

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Los colectivos NOGRACIAS, FARMACRITICXS, y la Red Ciudadana Por la Salud de la Región de Murcia (RECIPS), organizan los próximos días 26 y 27 de octubre en Murcia, las Jornadas DECRECIMIENTO Y POSMEDICINA (blog de las Jornadas). Nosotros asistiremos.

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El debate acerca de los fines de la sanidad pública es esencial. Es evidente que el modelo actual de la medicina no tiene como metas principales la equidad o la disminución de las desigualdades en salud. Tampoco conseguir individuos más sanos. En lugar de ello, está dominado por fines científicos y tecnológicos que no son neutros sino que obedecen una lógica regida por el mercado, retroalimentada por los sesgos epistemológicos (inevitables) de la medicina hospitalaria, los intereses políticos y los deseos (individualistas) de los ciudadanos.

Los fines actuales de la atención sanitaria pública española (occidental) no han sido deliberados previamente, públicamente, sino que se han impuesto tácitamente. Y se han aceptado independientemente de sus costos agregados a largo plazo o de su impacto en la mejora de la equidad. No hay fines explícitos en la atención sanitaria. ¿Y cuáles son los fines implícitos que rigen la atención sanitaria pública entonces? 
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Los fines implícitos aceptados por el sistema sanitario público español son:
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(1) La conquista de toda enfermedad.
(2) La conquista de la muerte por medio de la eliminación de todas las causas biológicas.
(3) El alivio de todo sufrimiento, mental y físico, que la medicina pueda controlar.
(4) La satisfacción de todos los deseos que pudieran ser satisfechos a través de los medios técnicos
(5) Permitir que sean el progreso médico y la innovación tecnológica los responsables de redefinir constantemente los fines de la atención sanitaria y el ámbito del cuidado de la salud.
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Estos fines, irracionales por su falta de límites, producen unos importantes sesgos en la medicina contemporánea:
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(1) Curar en lugar de cuidar.
(2) Aumento indefinido en la expectativa de vida.
(3) Énfasis en la duración de la vida en lugar de calidad de la vida.
(4) Beneficio individual sobre el poblacional.
(5) Intervenciones tecnológicas para curar o mejorar la enfermedad en lugar de esfuerzos para promover la salud y prevenir la enfermedad.
(6) Una medicina de sub–especialidades en lugar de una basada en cuidados y la medicina familiar y comunitaria.
(7) Un atención centrada en los profesionales médicos en vez de en otros profesionales, que ya han interiorizado los valores del cuidado, como la enfermería o los trabajadores sociales.
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Es esta combinación de sesgos, fruto de la colusión de los intereses del mercado, de los profesionales, de los políticos y de los ciudadanos (individualistas), la que da cuenta de las presiones económicas a la que está sometida nuestra pobre (y parasitada) sanidad pública y que nos conduce irremediablemente a su desaparición, al mayor atentado posible contra la equidad social visto en Europa desde la II Guerra Mundial.
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Por el contrario, los fines del movimiento postmédico serían antagónicos a los enumerados para la medicina:
Se centrarían en la equidad y, por tanto, en la salud de las poblaciones más que en la atención individual. Se interesaría principalmente en aquellas formas de progreso médico y de innovación que condujeran a la equidad y a la viabilidad económica.
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La posmedicina también tendría sus sesgos:
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(1) La aceptación de la muerte y el envejecimiento como características normales de la condición humana.
(2) La compresión de la morbilidad, esto es, la meta de alcanzar una longitud de vida finita en buena salud y morir de una muerte relativamente rápida
(3) La necesidad de racionalizar y contener las expectativas públicas sobre la medicina
(4) Énfasis en políticas de desarrollo humano que mejoren la salud (educación, medio ambiente, vivienda digna, trabajo digno, participación política y cultural) y menos en una pura inversión en asistencia sanitaria  porque la inversión, por si sola, no mejora automaticamente la salud de las personas.
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El decrecimiento es una visión crítica, profunda y, en este sentido radical, del mundo contemporáneo que nace del ecologismo y que plantea una alternativa de sociedad no basada en el consumo y la destrucción del medio ambiente sino en la primacía de la vida social, la democracia directa, la vuelta a lo local, la simplicidad elegida (downshifting) y la autogestión, es decir, el designio de dirigir nuestras vidas de manera autónoma. Hoy en día una abrumadora mayoría de políticos y ciudadanos sigue pensando que el crecimiento económico solo tiene consecuencias positivas: para generar empleo, asegurar servicios públicos, hacer disminuir la pobreza o mejorar la equidad social. Y es cierto que, en muchos momentos, del crecimiento económico se han derivado consecuencias positivas para la sociedad. Pero, como expresa Carlos Taibo, lo que pudo ser bueno en el pasado no parece que sea ya la respuesta a los principales retos de la humanidad e incluso es posible que nos esté conduciendo a situaciones de no retorno.
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Las razones para opinar que la sociedad del crecimiento no es humanamente deseable son varias:
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– el CAMBIO CLIMÁTICO como expresión de que el sobrecrecimiento se estrella contra la finitud de la biosfera.
– la HUELLA ECOLÓGICA (peso ambiental de nuestro modo de vida), índice de la creciente explotación de los recursos naturales
– la generación de DESIGUALDADES Y POBREZA: trabajo esclavizado, condiciones miserables, dominio pos-colonizador del Norte sobre el Sur
– la creación de un BIENESTAR ILUSORIO para los ciudadanos del Norte: no cuantificamos los costes ecológicos, los efectos secundarios de la vida moderna (accidentes de coche, enfermedades mentales, medicamentos para enfermedades producidas por la contaminación..)
– la configuración de una ANTISOCIEDAD INDIVIDUALISTA Y ENFERMA
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Las Jornadas apostarán por el decrecimiento, no solo para nuestra sociedad sino, sobre todo, para el sistema público de salud.
GACETA DE LEVANTE

Recursos para comprender y afrontar las crisis de nuestro tiempo: la económica, la ética, la ecológica...

HOAC Murcia

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Un buen lugar para el encuentro con las publicaciones de la HOAC

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